Palabras, palabritas, palabrejas.

Escribir bien no es empresa fácil ni baladí cualquiera. No me refiero con esto a escribir todos como Pérez Reverte o Cela, lo cual puede llegar a ser aún más difícil, sino a escribir con coherencia y propiedad en las palabras, amén de escribir sobre lo que se conoce bien (y no sobre lo que se conoce por encima y raspando).

Digo esto porque hace ya unas cuantas semanas leí en no recuerdo cuál periódico la ya consabida y sobada noticia de que los jóvenes españoles de hoy en día escribimos a la virulé y sin ninguna propiedad. No sólo hacían referencia a las faltas de ortografía, que también, sino al empleo de palabras rebuscadas sin saber a ciencia cierta qué significan, vamos, lo que comúnmente conocemos como “ir de listo sin tener ni idea”.

Pero es que no nos entienden. No señor. No nos entienden ni pizca, y, no contentos con no entendernos, se dedican a acusarnos de que nuestros escritos se entenderían mejor si los escribiera un niño de teta (incluso en lo tocante a caligrafía).

Queridos señores de la RAE, estudiosos, literatos, catedráticos y demás duendecillos de las letras: ¿Cómo quieren que nos expresemos bien con los ejemplos que tenemos a diario? Vamos, es que no es justo que nos carguen ustedes todo el muerto a nosotros, unos pobres vegetales bobalicones bajo el maligno influjo de los medios de comunicación.

Si algunos políticos ni siquiera tienen el título de bachillerato, otros personajes se dedican a enseñar sus partes nobles en la televisión, otras “personajas” (por usted, ministrísima de Igualdad) prefieren gritar como cotorras cabreadas y los programas culturales los hacen a la hora que nosotros estamos de farra… ¿Qué santa culpa tenemos?

No. Ya está bien, hombre, ya está bien. A pesar de mi cabreo, y como soy una mujer que a veces gusta de razonar (y otras veces, las más, de “mazear”), yo les voy a lanzar una serie de alternativas que harán que ustedes, doctas personas, puedan convivir con nosotros, indómitos cabestros:

1. Acepten de una vez el argot surgido gracias a móviles, messengers, chats y unos cuantos anglicismos más. Como diría Darwin (que a éste sí nos lo hemos aprendido): “Renuévate o muere”, bueno, mejor dicho: “R9ate o mur”. Estaría bien que les escribiera todo este texto con el nuevo argot, pero como sé que ustedes no lo entenderán, y esta vez a los jóvenes sí nos conviene que nos entiendan, me sacrificaré.

2. Olvídense ya de los acentos y de las comas, sobre todo las comas. ¿Para qué mantenerlos? En cuanto a acentos, no necesitamos distinguir las palabras. Podemos volver a esa etapa cavernaria de los pictogramas y así no tendremos los problemas que originan un “qué” y un “que”, o puede que sí los tengamos, pero en dibujitos por lo menos será un problema bonito. Y las comas… ¡Ay las comas! Traicionero signo de puntuación que, en su pequeñez, causa estragos en nuestras calificaciones. Sugiero que sólo utilicemos puntos, y ya como mucha concesión a sus absurdas reglas ortográficas, que esto tiene que ser un consenso (como los que le gustan a ZP)

3. Ya está bien de empeñarse en que usemos palabras complicadas, y encima correctamente. Para empezar, esas palabras se las inventó algún friki (palabra que también debería admitir el DRAE, por cierto) para hacerse el sabio. Total, para que el resto le apedreemos en cuanto tengamos la oportunidad, así que ya ven ustedes qué desperdicio… De palabras y de persona, claro.

4. No insistan más en esa fea costumbre de ampliar el DRAE. No queremos más términos. Economicen, que estamos en crisis.

5. Abandonen también la costumbre de poner mayúsuculas. ¿Con qué objeto hacen tal cosa? Si la Inquisición estuviera aquí, diría que las mayúsculas son un invento del Diablo disfrazado de académico estirado, así que, puesto que esto de cambiar el lenguaje es la primera batalla de los jóvenes en nuestra conquista por la realidad, la cordura y el sentido común, les recomendamos que las olviden, porque en cuanto podamos, reinstauraremos la necesaria Inquisición con algunas remodelaciones (por ejemplo, al que no se vaya de juerga alcohólica, lo mandaremos quemar)

6. Que se acaben los prefijos, los sufijos y sandeces similares. Si algo es grande, únicamente aceptaremos usar “maxi” o “mega”, y si es pequeño “mini”. Todo eso de pre-, sub-, contra-, -ito, -ancia, -ante, -ero y demás debe morir, que acaba formando palabras demasiado largas y cuando queremos llegar al final del término, no nos acordamos del principio.  ¿Que queremos hablar de profesiones? Pastelero. NO. Se dice: “Ése que hace pasteles” (pero sin tilde ¿eh?). ¿Que queremos hablar de valores? Nada de tolerancia, constancia, importancia. Decimos Educación para la Ciudadanía (EpC, si me apuran), un término génerico para los valores aportado por este maravilloso gobierno.

7. Abdiquen de la ridícula idea de hacernos leer todo lo que no sea periódicos deportivos, teletexto, revistas absurdas de adolescentes, o, como mucho, cómics (en los que haya más dibujitos, claro está) . Lo demás es tontería porque lo dicen señores que ya están muertos o que, de no estarlo, resultan extremadamente tediosos (díganme si hay algún misterio que desvele Platón que no pueda desvelarte, por ejemplo, Boris Izaguirre -que aunque haya sacado un libro, le seguimos apreciando igual-)

8. Confeccionen un nuevo diccionario para nosotros. No queremos ningún término del DRAE. Queremos que aparezcan palabras como “churri“, “chiqui“, “molón” y, especialmente, la expresión “joer, nano“, a la que le tenemos mucho cariño. Además, queremos que esta última expresión sea prescriptiva cada dos o tres palabras, o al principio de una frase. Ejemplo: “Joer, nano, me he comprao un megacoche (no se puede decir cochazo) impresionante”

Próximamente les mandaremos más normas que podrán ir modificando ese absurdo e incongruente diccionario de la RAE. Y también hacemos un llamamiento a la movilización por la palabra “miembras”, una palabra sin la cual nuestra vida no tendría sentido.

Ah, y antes de que pregunten nada. Obviamente este texto lo he pasado antes por un traductor que pone las palabras en forma culta y enrevesada, porque con ustedes, una no se puede expresar con la naturalidad de términos y el desparpajo de la juventud. No piensen que he querido aprender para escribirles esta misiva de sugerencias. ¡Antes muerta que escribir bien! ¡Acabáramos!

NOTA DE LA AUTORA: Léase todo con tono irónico 😉

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5 Comments »

  1. 1
    tiujar Says:

    Te has vuelto a superar, Rugionaria, ¡bravo! Qué bien, ¡gracias por traernos esta maravilla!

    Confieso que la ironía me confundió en el quinto párrafo (por el cambio de sentido irónico de las tres primeras razones a la cuarta), y me recuperé -del susto- en el segundo punto, jajaja. No sé si esa confusión iba buscada de alguna manera por la autora (a fin de cuentas, creo que somos pocos los que consideraremos la cuarta razón del quinto párrafo como un cambio de sentido), pero creo que produce un efecto curioso en la lectura, el de modificar lo leído con carácter retroactivo en el que quizá conviniera insistir un poco y experimentar con él.

    Gracias por tu siempre buen trabajo, que llena nuestras páginas de vida.

  2. 2
    rugionaria Says:

    ¿El quinto párrafo? No entiendo a qué se refiere exactamente, Sr. Director, pero me alegro de que le haya gustado mi humilde artículo 😀

  3. 3
    tiujar Says:

    Analizando el quinto párrafo:

    “Si algunos políticos ni siquiera tienen el título de bachillerato, otros personajes se dedican a enseñar sus partes nobles en la televisión, otras “personajas” (por usted, ministrísima de Igualdad) prefieren gritar como cotorras cabreadas y los programas culturales los hacen a la hora que nosotros estamos de farra… ¿Qué santa culpa tenemos?”

    tenemos que ciertamente no es culpa de la juventud la falta de cualificación de muchos políticos, los escándalos televisivos y las gritonas. Que la programación culta coincida con la farra no es culpa del entorno, a eso pretendía referirme, y eso indujo mi confusión y el efecto descrito 😉

    Gracias.

  4. 4
    rugionaria Says:

    ¡Ah! Jeje, efectivamente era un giro inesperado, para que el lector viera por dónde iban a ir los tiros. Es algo así como: “Si el entorno ya es pésimo, y encima nosotros hacemos lo que hacemos, ¿qué culpa tenemos?” Va en la tradicional línea juvenil (o casi) de que la culpa siempre la tienen los demás, incluso cuando la tienen ellos 😉 (NOTA: No todos los jóvenes son así, afortunadamente)

  5. 5
    tiujar Says:

    Sí, si eso está claro. Me refiero al sentimiento de apego del lector con las tesis del autor, ya que en la cuarta razón hay un buen “bache” de repente…;)


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